MARCO TEÓRICO
La calidad de vida “está determinada por la interacción dinámica entre
la persona, la sociedad y el hábitat e igualmente por la satisfacción de los
deseos" (Maslow A., 1982, p.398).
Esto quiere decir que su principal función es la de satisfacer nuestras
necesidades generales con la finalidad de mantener una vida tranquila y
saludable, por lo que poseen aspectos subjetivos y objetivos. La sensación
subjetiva ayuda al bienestar físico, psicológico y social y los objetivos es el
bienestar material, las relaciones armónicas con el ambiente físico, social,
con la comunidad y salud objetivamente percibida, tomando en cuenta que un
punto esencial para tener una buena calidad de vida es que tú la sientas de esa
manera, pues hay personas que a pesar de tener todo, sienten que tienen una
vida miserable y una mala calidad de vida.
Las habilidades socioemocionales se refieren a las herramientas que le
permiten a las personas entender y regular sus emociones, así como comprender
la de los demás, mostrando empatía y formando relaciones interpersonales
positivas.
“La habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud,
la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el
pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional
y la habilidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional
e intelectual” (Berrocal y Pacheco, 2005, p. 68).
El desarrollo de estas permite que la persona pueda centrar su atención
hacia sus objetivos, pues contará con un mejor manejo de las emociones, por lo
que presentan un mejor desempeño académico y profesional. Tienen una toma de
decisiones más responsable, lo que lleva a que presentan menos conductas de
riesgo como lo son las adicciones o la violencia, también se caracterizan por
contar con un círculo social sano, presentan menos estrés emocional y mayores
niveles de bienestar.
Estas habilidades son por lo general importantes durante el desarrollo
de la infancia y la adolescencia, pero de igual manera es un desarrollo constante
a lo largo de la vida de la persona, por lo que incluso en la adultez uno puede
seguir desarrollándose o entrenarlas, se tiene la creencia de que a cierta edad
uno deja de cambiar, lo que puede generar que la persona se enfrente a la
resignación del cambio y no hacer nada, lo cual es falso, pues el afrontar la
vida desde otra perspectiva puede ser el impulso necesario para trabajar en tu
persona
Según Brene Brown la vulnerabilidad no se basa en conocer la victoria o
la derrota, sino en comprender la necesidad de ambas: es implicarse; es estar
totalmente dentro.
La vulnerabilidad es 'las
características de una persona o grupo y su situación, que influencian su
capacidad de anticipar, lidiar, resistir y recuperarse del impacto de una
amenaza' (Wisner et al., 2004:11).
El concepto de vulnerabilidad hace referencia a aquellos individuos que
experimentan una serie de dificultades marcadas a lo largo de su vida escolar,
que les dificulta sacar el máximo provecho a las enseñanzas dentro del aula de
clase, estas barreras que pueden presentarse ante los jóvenes en su formación
educativa pueden provenir de diferentes factores, como lo pueden ser los
emocionales, familiares, internos o relacionados con cómo se enseña y el
ambiente escolar, usualmente estas condiciones son acompañados de fenómenos más
complejos en donde la mayoría de los casos terminan en el fracaso escolar.
La vulnerabilidad no es debilidad, y la incertidumbre, el riesgo y la
exposición emocional a los que estamos sometidos a diario no son opcionales.
Nuestra única opción es implicarnos. Nuestra voluntad de reconocer y conectar
con nuestra vulnerabilidad determina la fuerza de nuestro valor y la claridad
de nuestro propósito; nuestro miedo y nuestra desconexión determinan el grado
en que nos protegemos de ser vulnerables, por lo tanto, Brener considera que
vulnerabilidad es atreverse a arriesgarse.
La vulnerabilidad es un concepto esencial para la comprensión de lo
humano, ya que supone entender la fragilidad de la persona en una sociedad
donde nos hacemos más o menos susceptibles al daño en función de las
condiciones que nos rodean (ambientales, sociales, económicas, etc.). Se le ha
empleado como un componente de creciente importancia dentro del complejo de
desventajas sociales y demográficas que se delinean en la “modernidad tardía”
(Rodríguez, 2000).
Como señaló Alain Touraine —a corta distancia de las explosiones
juveniles de fines de la década de 1960—: “Si abordamos el tema de la juventud
en general, sería paradójico que viéramos en ella una categoría sub
privilegiada. Una sociedad , en cambio, rápido valora, por el contrario, la
juventud a expensas de la experiencia” (p. 262).
Este concepto se pone en práctica durante toda la vida de la persona,
pues es un sentimiento que le permite comprender cuando tiene dificultades o
percibirlas, por lo que incluso desde una edad temprana puede manifestarse,
aunque nada nos permite el poder afirmar como cada persona reacciona a estos
estímulos pues cada individuo forma una experiencia que se ve observada en cómo
afronta su situación y si le es posible realizar tareas con ayuda de los demás
o en solitario.
Como se mencionó con anterioridad, el desarrollo de la vulnerabilidad en
los jóvenes puede permitir una evaluación interpersonal sobre su situación, que
le permitirá observar todos los factores que lo rodean tanto positivos como
negativos, logrando que el joven pueda diferenciarlos y tomar la decisión que
considere correcta, por lo general siendo los adolescentes una población en su
mayoría vulnerable por los cambios tanto físicos como psicológicos.
Las familias actuales tienden a estar relacionadas con riesgos o
amenazas de disolución propios de sus relaciones, Estos riesgos anteriormente
eran mitigados en mayor parte por el peso de las normas legales, las
tradiciones o incluso la presión social (Waite, 2000; Bruce y otros, 1998)
Ser vulnerable no es algo malo, aunque por lo general así es percibido,
este sentimiento nos orienta a ser fuertes pensando que así la felicidad es más
fácil de obtener; sin embargo, la vulnerabilidad es un factor psicológico que
forma parte de nuestra personalidad, ya que nos hace ser humanos por lo que el
aceptarla y dejar que sea parte de nuestra vida diaria.
Aunque por lo general nos cueste aceptar errores, pues el fracaso es algo
es cotidiano, pero mal visto, pues la sociedad afecta a la percepción de cómo
nos vemos para el mundo, donde tienes que mostrar tú “lado perfecto”, por lo
que el lograr un equilibrio entre la vulnerabilidad y la fuerza es
indispensable para lograr la felicidad en la vida, adoptando posturas que nos
permitan criticar nuestras capacidades pues hay cosas que no puede hacer una
persona individualmente por lo que no es algo malo el pedir ayuda, esta postura
también nos permite ser más sensibles y empáticos ante situaciones similares,
ya que todas las personas pueden pasar por un momento vulnerable,
independientemente de la edad.
En la educación se intenta dominar esta vulnerabilidad a través de las
herramientas del conocimiento y de la transmisión de los valores. Sin embargo,
el dominio total de esta vulnerabilidad es imposible, porque todo ser humano,
incluso el más educado de todos, está expuesto a la herida (vulnus), es decir,
puede sufrir, enfermarse, es susceptible de envejecer y, evidentemente, está
expuesto a la máxima expresión de la vulnerabilidad que es la muerte.
El fin de la educación consiste en que los educandos aprendan a vivir,
desde su vulnerabilidad, los valores fundamentales de la existencia y, de este
modo, colaboren en la construcción de una sociedad más sólida, más tolerante y
pacífica. Ellos también pueden ser sujetos activos de la sociedad y no solo
objetos receptivos de educación. El ser humano, precisamente porque es
vulnerable, requiere de estructuras de aceptación para poder desarrollarse
plenamente.
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